jueves, 27 de octubre de 2016


El titular no es muy disparatado. Hace más de 10.000 años, en el Paleolítico superior humanos y leones de las cavernas (Panthera spelaea) compartían el mismo hábitat, se refugiaban en las mismas cuevas (aunque sin coincidir), y cazaban las mismas presas, como ciervos, uros y caballos.

Pero también suponían una amenaza mutua. De hecho, los humanos pudieron ser un factor determinante en la extinción de este carnívoro hace unos 14.000 años, como lo demuestra el gran conocimiento que tenían de la anatomía de este animal, que se aprecia en las representaciones rupestres de algunas cuevas europeas.

Hasta ahora, las razones de la desaparición del león de las cavernas, el mayor felino que jamás haya existido, no han sido del todo claras. El hallazgo de nueve garras con marcas de corte en el yacimiento cántabro de la Galería Inferior de La Garma arroja luz sobre el final de este animal, que fue el último de su especie cazado en el sur de Europa.

Falanges de león de las cavernas halladas en el yacimiento
de La Garma. Fotografía: IIIPC.
“Humanos y leones eran competencia en frágil equilibrio, pero este se rompió durante el Paleolítico superior, cuando la población humana se incrementó progresivamente, lo que aumentó la presión sobre la población de leones, que seguramente salieron perjudicados con el cambio. Pero la caza, que no era intensiva, no debió de ser el único factor”, Marian Cueto, investigadora en la Universidad de Cantabria y autora principal del estudio publicado en PLoS ONE.

Al analizar los restos, excepcionalmente bien conservados durante 16.000 años, el equipo de científicos liderado por Cueto encontró marcas de corte en las garras realizadas con gran precisión en las zonas en las que se insertan los tendones y que las mantienen unidas al resto de la pata del león. La técnica es similar a la que usaron los cazadores modernos al desollar a sus presas dejando las garras unidas a la piel.

Los investigadores creen que los restos forman parte de la piel de un solo león extendida sobre una de las cabañas, a modo de cobertura. “Esta evidencia, unida a otros aspectos como la ausencia de otros huesos de león o la distribución espacial de esas falanges, es lo que nos ha llevado a nuestra interpretación”, asevera la experta. 

Según los científicos, la disposición intacta desde hace unos 16.000 años de la Zona IV de La Garma permite observar, sin necesidad de excavar, las bases de piedra de al menos dos cabañas circulares prehistóricas y los restos óseos de lo que allí se consumió.

“Se ha podido inferir el comportamiento humano a partir de unos pocos restos. Muy pocos yacimientos permiten llegar a este tipo de interpretaciones. La Garma nos permite hacer un viaje a través del tiempo hasta un momento concreto de nuestra evolución para entender cómo eran nuestros antepasados”, cuenta la investigadora del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC).

Tras la última ocupación hace 16.000 años, la galería quedó sellada y se detuvieron los procesos que cubren los restos arqueológicos con sedimentos y que suelen colmatar las cuevas. Por esta razón, los restos arqueológicos se ven en superficie.

“Pueden verse estructuras de piedra adosadas a la pared, que serían la base para una cubierta hecha con ramas y pieles. Dentro y fuera se ven moluscos, industria realizada en piedra y restos de huesos de animales”, detalla Cueto, quien deduce que aquellos humanos comían la carne de los animales, utilizaban sus huesos para hacer herramientas y objetos decorados –llamados 'arte mueble'–, y usaban su piel como en el caso del león. 

El sitio de La Garma, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un yacimiento que se asocia con los rituales humanos, por lo que los leones de las cavernas pudieron ser animales simbólicos para los que vivieron durante la Edad de Hielo.

Fuente: Agencia SINC

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