viernes, 26 de agosto de 2016


Una ciclogénesis en el Atlántico produce un oleaje que provoca temblores leves y profundos
en la corteza oceánica. Las ondas de estos microsismos viajan a través de la tierra y pueden
ser detectados en lugares lejanos al epicentro. Es el caso de la estación sísmica de Japón.
Fotografía: Kiwamu Nishida and Ryota Takagi.
Se detectó un microsismo (un débil temblor) en las profundidades de la tierra producido por una ciclogénesis explosiva (formación de un ciclón a gran velocidad) surgida al norte del océano Atlántico.

El fuerte viento de la ciclogénesis explosiva excitó las olas del océano cuyo chapoteo constante con el fondo marino y el suelo terrestre generó ondas sísmicas”, explica Kiwamu Nishida, uno de los autores del estudio e investigador en la Universidad de Tokyo (Japón).

En el estudio se han podido detectar por primera vez no solo las ondas primarias (P) –aquellas que solo detectan los animales antes del seísmo– sino también las secundarias (S) –más lentas, peligrosas y perceptibles por los humanos–, hasta ahora nunca registradas, que se trasmiten tras un microsismo. Estos fenómenos se pueden transmitir por el exterior o por el interior del planeta. En el segundo de los casos los investigadores centran más su atención pues otorga más información del epicentro y se producen a más velocidad.

Hasta ahora, los científicos solo habían podido registrar las ondas P, pero gracias a un despliegue de una Red Sismográfica de Alta Sensibilidad (High-Sensitivity Seismograph Network) situada en el fondo marino, el equipo ha logrado captar también las ondas S en 202 estaciones sismográficas del centro y sur de Japón.

Vista del huracán Daniell desde la Estación Espacial Internacional.
Fotografía: ISS / NASA.
No solo se han registrado las ondas, sino que se ha determinado su dirección y distancia de la fuente. Así es como averiguaron que el microsismo estaba generado por la ciclogénesis explosiva del Atlántico norte. “Los microsismos no siempre están relacionados con actividades sísmicas mayores como terremotos, sino que ocurren constantemente sin que los percibamos. Pero cuanto más severa es una tormenta, mayor probabilidad de que ocurra un seísmo posterior”, aclara Nishida.

Con esta investigación se cree que se ha ganado una nueva herramienta que ayudará a comprender el camino que recorren las ondas y la composición del terreno a través del cual viajan, por lo tanto, también para detectar terremotos y tormentas oceánicas.

El estudio ha sido publicado en Science.

Fuente: Agencia SINC.

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