miércoles, 6 de julio de 2016


Como todos los ríos el Ebro tiene un metabolismo que se produce por los organismos que habitan en sus aguas. La salud del río se puede medir en la cantidad de oxígeno que posee. Procesos como la fotosíntesis y la descomposición de la materia influyen en este factor.

Un reciente estudio del CSIC y la Universidad San Jorge, en Aragón, revela que se ha empeorado la salud del Ebro debido a que se ha reducido la respiración de materia orgánica. Según este trabajo esto es debido a la mala gestión de los caudales circulantes en su cuenca.

Fotografía: CSIC.
“El objetivo del estudio ha sido evaluar el metabolismo del río Ebro y ver qué efectos tienen sobre ella la combinación del cambio climático y la gestión que realizamos de sus caudales”, según explica el investigador del CSIC Enrique Navarro, del Instituto Pirenaico de Ecología. El interés de este trabajo radica en que “la respiración y la producción primaria –fijación del carbono por parte de los organismos fotosintéticoscomo parte del metabolismo fluvial son medidas integradoras de muchos de los procesos físicos, químicos y biológicos que se dan en sus aguas”, señala Navarro.

Los resultados muestran que la tendencia en la cuenca es a incrementar la producción primaria y a reducir la respiración de la materia orgánica que transporta el río”, añade Jonatan Val (de la Univ. San Jorge).

Para este estudio, se analizaron 86 millones de datos ambientales, recogidos durante los últimos 15 años en 25 puntos a lo largo y ancho de la cuenca del río. Entre otros, se analizaron los de la concentración de oxígeno y temperatura del agua y la presencia de determinados compuestos químicos. Además, se han estudiado la cantidad de lluvia caída y el caudal del río, lo que ha permitido evaluar la regulación del caudal a que ha estado sometido el Ebro en estos últimos años. “Los resultados permitirán, por ejemplo, mejorar el cálculo de caudales ecológicos, para mantener muchos de los servicios ecosistémicos que brindan los ríos: provisión de agua de calidad, reciclado de nutrientes, autodepuración de las aguas, actividades recreativas, mantenimiento de la biodiversidad, recarga de acuíferos, etc...”, concluye Navarro.

Tras el Duero, el Ebro posee la cuenca más extensa de la península ibérica (86,100 km2). En esa zona casi 3 millones de españoles llevan a cabo diferentes actividades que alteran el estado del río.

El estudio se publica en la revista Science of the Total Environment.

Fuente: CSIC.

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