miércoles, 22 de junio de 2016


Investigadores de la University of the West of England han logrado aprovechar el pis para producir electricidad. “La tecnología del prototipo se basa en celdas de combustible microbianas (MFC, por sus siglas en inglés) que, como las pilas, presentan un ánodo y un cátodo”, Irene Merino, investigadora del equipo gracias a una beca de la Fundación de Bill y Melinda Gates, junto al también español Daniel Sánchez.

Durante el festival de Glastonbury, el más grande del Reino Unido, se ha instalado una letrina con esta tecnología. El sistema alimenta seis tubos led. Las celdas están instaladas en el interior de un contenedor, al cual llega la orina. Dentro las bacterias colonizan el ánodo actuando como catalizador, descomponiendo toda materia orgánica de la orina. En este proceso se liberan tanto protones que viajan del ánodo al cátodo como electrones que transcurren a través de un circuito eléctrico externo. Además, para poder finalizar el ciclo se realiza una reacción de reducción de oxígeno que genera la energía necesaria para encender bombillas o leds.

Fotografía: Bristol BioEnergy Centre.
Se ha probado en la universidad y en el festival de Glastonbury. En ambos casos se ha empleado la electricidad para iluminar el interior del cubículo. El prototipo del campus estaba constituido por 288 celdas MFC y generó una media de 75 milivatios, mientras que el de Glastonbury incluía 432 celdas y produjo 300 mW. Respecto a la eliminación de la demanda química de oxígeno (DQO), fue superior al 95% en el dispositivo del campus y alrededor de un 30% en el del festival.

De momento solo está implementado en modelos para varones. Pero según destaca Merino “nuestro proyecto está enfocado a países en vías de desarrollo, con vista a mejorar o incorporar instalaciones sanitarias, ya que el sistema, además de producir electricidad, reduce la DQO, es decir, que también sirve para tratar la orina”.

En colaboración con Oxfam y otras organizaciones se planea probar estos urinarios en India o África. Principalmente en campos de refugiados, comunidades, escuelas… “El propósito final es conseguir electricidad para iluminar los baños (y posiblemente también los alrededores) en zonas empobrecidas, así como aumentar la seguridad de mujeres y niños en países en los que deben salir de casa para hacer sus necesidades”, concluye Merino.

Los resultados se han publicado en la revista EnvironmentalScience: Water Research & Technology.


Fuente: AgenciaSINC.

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