jueves, 12 de mayo de 2016


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En España poseemos una gran variedad lingüística. Un objeto puede recibir varios nombres según la región en la que nos encontremos, incluso en la misma zona, dependiendo de la localidad podría pronunciarse de varios modos. Tomás Navarro Tomás y Ramón Menéndez Pidal recorrieron entre los años 30 y 50 nuestra península y las Baleares preguntando a los lugareños acerca de los nombres de algunos conceptos cotidianos, hasta 527 localidades visitaron. Casi 80 años después un proyecto dirigido por el CSIC ha elaborado una web en la que está disponible toda esa información bajo el nombre de ALPI (Atlas Lingüístico de la Península Ibérica).
La configuración del terreno, la meteorología y la astronomía, la flora, la fauna, la cría y el aprovechamiento de los animales domésticos, la ganadería, la matanza del cerdo, el cuerpo humano y sus enfermedades, la familia con el nacimiento, la boda y la muerte, los vestidos y las comidas tradicionales, la casa con los muebles y los utensilios de cocina, las diversas labores agrícolas, la vid y el vino, las medidas tradicionales de superficie, de líquidos, de áridos, la apicultura, la elaboración de quesos y los oficios antiguos son algunos de los temas de los cuestionarios.

“El Atlas Lingüístico de la Penísula Ibérica es un hito muy importante dentro de la Geolingüística Española. En la actualidad existen en España varios atlas lingüísticos, pero ninguno es tan antiguo como este ni abarca toda la Península. Como es anterior a los cambios culturales, demográficos y lingüísticos que se produjeron tras la guerra civil, esta obra supone un testimonio de incalculable valor acerca de aquella época y nos permite comparar sus datos con los datos actuales”, explica la investigadora Pilar García Mouton, del Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del CSIC, y coordinadora del proyecto.

La web dispone de una sencilla búsqueda, acotada por provincia, localidad o concepto, entre otros parámetros, el usuario de la página descubre, por ejemplo, que en función de la zona en la que nos encontremos los guisantes pueden llamarse pedrolos, tirabeques, chícharos, arbechos, cantudas, arvejas, gríjoles, brísoles o bisaltos. Que en algunos pueblos de A Coruña dar volteretas se dice dar pinchacarneiros, mientras que en ciertas zonas de Valencia se dice dar la trampa la mora. Que las lagartijas pueden llamarse salamantiguinas, gartipesas, ligaternas, santigüelas o zarandillas, entre otras denominaciones.

Fotografía CSIC.
“La base de datos del Atlas Lingüístico de la Penísula Ibérica se encuentra aún en fase de crecimiento. Por el momento hemos incluido una primera muestra de 5.687 respuestas a 10 cuestiones, pero estamos preparando una segunda entrega de casi 452.000 respuestas cortas y 109 narraciones cortas para subir a la web”, añade García Mouton.

Los individuos que se buscaban ser preguntados eran personas nacidas en el pueblo, que hubiesen viajado poco, sin instrucción y de cierta edad. Con el objeto de evitar contaminar las respuestas, los investigadores realizaban preguntas indirectas y descriptivas o señalaban objetos. En muchos casos, además de rellenar sus cuestionarios con las respuestas en transcripción fonética, se hicieron fotografías (de personas, objetos, edificios y animales) que se archivaron junto al material escrito como parte la de investigación. Esas fotos pueden consultarse ahora en una fotogalería incluida en la página web.

Fuente: CSIC.

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