jueves, 7 de abril de 2016


En nuestra adolescencia alcanzamos el mayor número de neuronas en nuestro cerebro, la mayor cantidad que tendremos jamás. No obstante, en nuestro cerebro se siguen creando nuevas neuronas. Muchas de las células creadas mueren antes de completar su maduración y diferenciación. Es por eso que en estas regiones necesitamos células inmunes especializadas. Reciben el nombre de microglía y actúan como “centinelas” que son capaces de eliminar nuestras células muertas para proteger nuestro cerebro.
Los puntos verdes son células muertas en una de las zonas de creación de neuronas (en azul) pertenecientes al cerebro
de un ratón deficiente en Axl y Mer. Fotografía: CSIC.
En un estudio internacional desarrollado por investigadores del CSIC y del Salk Institute de EE.UU. se han desvelado los mecanismos que utiliza la microglía en esa fase de eliminación de células. En este proceso juegan un papel esencial los receptores TAM que podrían constituir dianas terapéuticas para enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.

Hace dos décadas, el laboratorio del doctor Greg Lemke en The Salk Institute describió que las células inmunes muestran en su superficie los receptores TAM. Dos de estos receptores, llamados Axl y Mer, están presentes en células inmunes llamadas macrófagos y las ayudan a actuar como “recolectores de basura”, identificando y eliminando más de 100 millones de células que mueren en el cuerpo humano cada día.

Los investigadores se preguntaron si esto sucedía también en el cerebro. Para averiguarlo eliminaron los dos receptores (Axl y Mer) de la microglía de algunos ratones. Pronto observaron que se producían acumulaciones de células muertas, principalmente allí donde se deberían generar nuevas neuronas. Paqui González Través, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, explica que: “cuando examinamos este proceso detenidamente y seguimos la maduración de la nuevas neuronas, observamos que en los ratones en los que se eliminaron Axl y Mer de la microglía, el número de nuevas neuronas que migraban y se integraban en el bulbo olfatorio (donde se halla la función olfativa de los animales) aumentaba enormemente en comparación con los animales de referencia […]Estos resultados sugieren que Axl y Mer no sólo ayudan a la eliminación de células muertas sino que también podrían ser capaces de identificar neuronas que aun estando vivas, son defectuosas o disfuncionales”.

El estudio ha sido publicado en la revista Nature.

Fuente: CSIC.

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