viernes, 22 de abril de 2016


Riñón bioimpreso con tecnología 3D. Fotografía: UPF.
La biología sintética pretende crear nuevos organismos vivos. Ejemplos reales de sus aplicaciones son los riñones fabricados con impresoras 3D o la manipulación de bacterias para que degraden polímeros de plástico. Pero ¿qué límites tiene esta tecnología?

Ahora se propone utilizar esta tecnología para indagar en aquellos caminos inexplorados por la evolución. Existen ya los bautizados como organs-on-a-chip, que son dispositivos que simulan o recrean a pequeña escala el funcionamiento de un órgano real, de este modo puede ser estudiado.
Pero se propone crear nuevos órganos que realicen nuevas tareas o que incluso diagnostiquen y hasta lleguen a curar enfermedades. Para llevar a cabo este trabajo existen ciertas dificultades que obstaculizan el progreso.

Morfoespacio diseñado. Fotografía: UPF.
“Si nos liberásemos de los límites vinculados a los procesos embrionarios, entrarían en juego nuevas reglas quizás asequibles para la ingeniería biológica” afirman los investigadores del Laboratorio de Sistemas Complejos de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Estos científicos han categorizado las estructuras conocidas en función de un conjunto de variables que forman un morfoespacio que nos permite ver las regiones olvidadas por la evolución. Así ha npodido contemplar todas las estructuras biológicas posibles. El morfoespacio tiene tres ejes: complejidad de desarrollo (desde la mezcla de células hasta su completa creación), complejidad cognitiva (capacidad de los órganos para procesar información recibida) y el estado físico (la movilidad de los componentes).

Tras analizar el mofoespacio creado los investigadores han contemplado dos escenarios. El primero es que no sea posible la combinación propuesta y el segundo se trataría de diseños más inaccesibles de manera natural pero si a través de la ingeniería biológica.

Fuente: Agencia SINC.

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