martes, 12 de abril de 2016


Resulta evolutivamente enigmático el por qué la monogamia está socialmente impuesta. Un reciente trabajo ha dado como resultado la conclusión de que las enfermedades de transmisión sexual (ETS) tuvieron un papel importante en este hecho.

Fotografía: Pixbay.
Con la extensión del uso de la agricultura los seres humanos comenzaron a desarrollar normas sociales, pues se volvieron más sedentarios y sus grupos se hicieron más numerosos. En las pequeñas sociedades nómadas existía un máximo de 30 individuos sexualmente maduros y las ETS duraban poco tiempo, pero en grupos más grandes, poligámicos y sedentarios se podían hacer endémicas. Ese cambio debió suponer el fin de la poligamia pues también se hacía más patente la presencia de infecciones de transmisión sexual.

“En las sociedades más pequeñas, las infecciones de transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. Por lo tanto, la poligamia no está en desventaja debido a que las infecciones no persisten. En las poblaciones más grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la poliginia sea menos ventajosa que la monogamia, ya que el nivel promedio de infección es mayor en los grupos poligínicos que en los grupos monógamas”, explica Chris Bauch, científico de la Universidad de Waterloo (Canadá) que lidera el trabajo.

Para simular esta teoría se utilizó un modelo basado en varios agentes. En palabras de los investigadores “esto significa esencialmente que simulamos una población real de cazadores-recolectores y agricultores que actuaban de acuerdo a ciertas reglas, y vimos cómo se extendería una infección entre los individuos de acuerdo a dichas reglas. Es un poco como un juego de ordenador”.

El estudio ha sido publicado en la revista Nature Communications.

Fuente: Agencia SINC.

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