miércoles, 13 de enero de 2016


La Antártida es la masa de hielo más grande del mundo, pero le sigue Groenlandia en ese ranking. Es conocido por todos que el efecto del sol sobre nuestro planeta produce el deshielo de estas masas. Hasta ahora se pensaba que la presencia de nubes amortiguaba el derretimiento, pero ahora se ha descubierto que mantienen el calor entre ellas y la capa de hielo durante la noche, aumentando este efecto un 30%.

“Las nubes siguen siendo uno de los elementos más difíciles de simular en los modelos climáticos”, subraya Kristof Van Tricht, investigador en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y autor principal del estudio.

Por lo tanto, las nubes crean dos efectos opuestos sobre la superficie de la isla helada. Protegen la capa de hielo de la energía solar y enfriándola, pero a su vez, durante la noche, conservan el calor que el sol ha arrojado sobre ella. El segundo, es un efecto invernadero que está ganando la batalla en Groenlandia. 
Groenlandia. Fotografía: Pixbay.

La explicación es sencilla: una parte considerable del agua de hielo derretida durante el día se almacena en los niveles superiores de la capa de hielo, que actúan como una especie de esponja que contiene esa agua. Durante la noche, mucha de esa agua de la esponja se vuelve a congelar porque hace mucho frío. “Sin embargo, con la presencia de nubes, la superficie se mantiene más caliente que cuando el cielo está despejado, por lo que poca de esa agua se vuelve a congelar y el resto fluye hasta el océano”, apunta el investigador.

Para llegar a estas conclusiones, entre los años 2007 y 2010 el equipo de investigación usó los datos de dos satélites (CloudSat y CALIPSO) que sobrevuelan de manera regular Groenlandia y los de estaciones climáticas terrestres que miden la energía de la superficie. Al combinarlo con las simulaciones de los modelos climáticos y las estimaciones de la cantidad de nieve, los científicos cuantificaron el agua derretida que terminó en el océano debido a las nubes observadas.

El estudio resalta la fragilidad del equilibrio energético de la capa de hielo de Groenlandia con la presencia de nubes. No obstante, no tiene en cuenta los posibles efectos de calentamiento entre la presencia de nieve en la superficie y en la atmósfera, lo que podría complicar aún más el efecto de las nubes.

Los resultados se publicaron ayer en Nature Communications.

Fuente: Agencia Sinc.

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