miércoles, 16 de diciembre de 2015


Para detectar enfermedades se utilizan dispositivos con los que, por ejemplo, se comparan los niveles de expresión de genes entre células sanas y células que están desarrollando una enfermedad. Un último avance ha logrado miniaturizar estos chips hasta 1.000 millones de veces, de manera que se pueden introducir en células vivas. Esta proeza la ha logrado un grupo de investigadores del CSIC.

Fotografía: Pixbay.
José Antonio Plaza, científico del Instituto de Microelectrónica de Barcelona, nos explica los beneficios de esta técnica. “Los dispositivos que se emplean en la actualidad suelen medir unos cinco centímetros y eso obliga a destruir las células para analizar su interior. Sin embargo, al miniaturizar los chips es posible introducirlos en células vivas mediante lipofección, una técnica que consiste en recubrir el dispositivo con una capa de lípidos que se fusiona con la membrana de la célula. De este modo, se pueden monitorizar los cambios que experimenta la célula a lo largo del tiempo sin necesidad de matarla”.

Los dispositivos están compuestos por dióxido de silicio y han tenido que basarse en técnicas similares a las empleadas en la industria de chips microelectrónicos. Para realizar esta investigación han tenido que unirse varios campos y centros. Además del Instituto de Microelectrónica de Barcelona y el Centro de Investigaciones Biológicas, ambos del CSIC, en este trabajo han participado la Universidad de Barcelona y el Instituto de Bioingeniería de Cataluña, que han llevado a cabo la funcionalización química de los dispositivos para dotarlos de funcionalidad. Se trata de un proyecto financiado por el Plan Nacional de Investigación Científica y Técnica y de Innovación. 

El trabajo está publicado en la revista Advanced Materials.

Fuente: CSIC.

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