miércoles, 2 de septiembre de 2015


Tras realizar experimentos en laboratorio y contrastarlos in situ, un equipo internacional liderado por investigadores del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) ha llegado a la conclusión de que el dióxido de carbono (CO2) tiene un efecto fertilizante a bajas temperaturas en el Océano Ártico y regula la producción de materia orgánica (producción primaria) llevada a cabo por el fitoplancton marino. Sin embargo, con la llegada del verano, cuando la temperatura aumenta, este efecto desaparece y, por tanto, disminuye la capacidad del fitoplancton para capturar CO2. Los resultados aparecen publicados en la revista Nature Climate Change.

Los microorganismos que forman el fitoplancton son la base de la cadena trófica y los responsables del 50% de la producción primaria anual del planeta. Al igual que las plantas y los árboles, capturan dióxido de carbono para crecer y producen oxígeno mediante la fotosíntesis.

El Ártico. Fotografía: Comunicación CSIC

Hemos descubierto que el CO2, un importante gas de efecto invernadero, regula la producción primaria, tal y como esperábamos, pero este impacto solo es notable a bajas temperaturas. En primavera, cuando las temperaturas aún no han subido y quedan suficientes nutrientes en la columna de agua, se incrementan las posibilidades del fitoplancton de paliar las consecuencias del cambio climático, como si se tratase de un bosque”, explica la investigadora del CSIC Johnna Holding, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, un centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares.

Los científicos recuerdan que la cubierta de la capa de hielo del Ártico se ha reducido casi la mitad en las últimas dos décadas, lo que ha generado un aumento de la entrada de dióxido de carbono de origen humano en el océano. “Está entrada de CO2 podría beneficiar a los productores primarios, pero no podemos olvidar que la temperatura del Océano Ártico también está aumentando casi tres veces más rápido que la temperatura global”, agrega Holding.

Con la llegada del verano, el efecto fertilizante del dióxido de carbono disminuye hasta desaparecer. “Estos cambios tienen un importante impacto sobre los ecosistemas y la regulación del CO2. Por tanto, son fundamentales a la hora de elaborar proyecciones sobre las futuras consecuencias del cambio climático”, recalca Marina Sanz-Martín, investigadora en el mismo centro.

La investigación se enmarca en los proyectos Arctic Tipping Points, del VII Programa Marco de la Unión Europea, ATOS y ARCTICMET, financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad, y el CARBONBRIDGE, una iniciativa del Consejo Noruego de Investigación. 


Fuente: CSIC

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