lunes, 24 de agosto de 2015


Estas semanas se está hablando mucho de confluencia, sobre todo ligada al ámbito político. Confluencia de independentistas para ganar las elecciones catalanas, confluencia de partidos de izquierdas para arrebatar el poder al bipartidismo... E incluso se utiliza a nivel europeo para intentar solucionar problemas como la inmigración masiva o el terrorismo islámico.

A nivel internacional, y de una manera mucho más lenta y sutil, gracias a la globalización, está surgiendo otro tipo de confluencia. Una confluencia mucho más profunda y que podría transformar nuestro estilo de vida en el próximo milenio. Hablo de probablemente la más importante colaboración sincera entre dos grandes civilizaciones milenarias para desarrollarse juntas aprovechando la sabiduría adquirida (casi) por separado durante siglos. Estamos asistiendo, de forma silenciosa pero inexorable, a la primera gran confluencia de culturas: la cultura occidental y la cultura oriental. Y me atrevería a decir que no lo estamos haciendo nada mal.

Parece que poco a poco vamos dejando de lado ese orgullo patriótico rancio que nos lleva a infravalorar otras culturas y formas de conocimiento. Las más importantes universidades y "think tanks" parecen cada vez más permeables a aceptar que la sabiduría recogida por sus antepasados humanistas y científicos no es ni mejor ni peor que la del vecino. Simplemente es diferente.

Los occidentales hemos desarrollado, sobre todo en los últimos siglos, una sabiduría eminentemente técnica, fruto de la contemplación, comprensión y estudio de los procesos naturales de nuestro entorno. La cultura oriental, sin embargo, sigue una línea mucho más enfocada a la contemplación de los procesos internos del ser humano, y más concretamente de la mente de éste. Así nos encontramos con que en occidente hemos creado multitud de estrategias, técnicas y dispositivos (a menudo mejorados por los orientales) para facilitarnos la vida y poder llevar una vida más feliz. En oriente, en cambio, han conseguido avanzar en ese camino hacia la felicidad sin la necesidad de tanto desarrollo tecnológico.

meditacion

Y de pronto llega la globalización y nos enseña nuestras vergüenzas, nuestras debilidades. Y al principio, como suele ser común, nos negamos a admitir que otros estén haciendo algo mejor que nosotros. Desde nuestra óptica, nuestro modelo de desarrollo es el óptimo. Consideramos que los otros están más retrasados a nivel de tecnología o desarrollo económico y democrático y que eso es lo más importante. O consideramos que los otros son consumistas debido a su infelicidad y que están destruyendo el planeta y por tanto su camino es erróneo mientras el nuestro es el verdadero.

Pero lo cierto es que tenemos la oportunidad de cambiar, y aquellos que en su día nos trajeron los mayores avances para nuestras civilizaciones lo están comprendiendo. Tenemos ante nosotros una ocasión única: podemos aprovechar y adaptar aquellos saberes que hasta ahora considerábamos ajenos para acercarnos al objetivo de alcanzar el bienestar emocional, social, medioambiental y económico que todos y todas anhelamos. De dar un paso de gigante en esa dirección. Nunca alcanzaremos la perfección, ni la necesitamos, pero sería de necios desaprovechar esta oportunidad de crecer juntos gracias a la aportación de ambos y avanzar en la armonización de las relaciones entre diferentes culturas. Evidentemente, esto no puede quedar sólo entre Norteamérica, Europa y Asia. Este hermanamiento y desarrollo mutuo debe incluir en el futuro a todas las civilizaciones y culturas existentes, para que cada una, sin renunciar a sus peculiaridades, pueda ampliar miras y desarrollarse gracias a los demás.

protesta

Resulta estimulante el creciente interés que los occidentales hemos desarrollado por aspectos como la inteligencia emocional y social, la meditación, la conciencia plena o la armonía con la naturaleza así como indudable resulta la creciente absorción por parte de los orientales de los procesos democráticos, la industria o la medicina occidental. El camino ya se ha emprendido y las oportunidades son prácticamente infinitas.

Foto meditación: Balint Földesi
Foto niño manifestándose: Rusty Stewart

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