domingo, 5 de julio de 2015


Araña sobre el agua. Foto: Alexander Hyde.
Un equipo internacional de científicos, en el que participa la Universidad de Granada, ha descubierto que las arañas además de andar, saltar y volar también pueden nadar.
Utilizan sus patas y abdomen para adoptar curiosas posturas que les permiten aprovechar las corrientes de viento para deslizarse sobre la superficie del agua hacia la dirección que desean como si de un barco de vela se tratase. 

Esta investigación, publicada por la revista BMC Evolutionary Biology, es el fruto de una colaboración científica entre el doctor Morito Hayashi (ecólogo en el Museo Británico de Historia Natural, Reino Unido), profesor Mohammed Bakkali (genetista en la Universidad de Granada, España), el fotógrafo profesional de la naturaleza Alexander Hyde (Derbyshire, Reino Unido), y la profesora Sara Goodacre (ecóloga en la Universidad de Nottingham, Reino Unido). 

“Esta tolerancia y las habilidades que tienen en el agua es lo que atenúa el riesgo para estos insectos conlleva volar de esa manera tan descontrolada”, apunta el investigador Mohammed Bakkali, del departamento de Genética de la Universidad de Granada y uno de los autores de este trabajo. “Este artículo supone la resolución de uno de los grandes misterios de la Naturaleza”.  De este modo se puede explicar también su presencia en todo el planeta.

La Ciencia ya demostró hace tiempo que muchas especies de arañas aprovechan las corrientes de viento para levantar el vuelo y, gracias a la tela que secretan, se elevan y llegan a viajar decenas e incluso cientos de kilómetros. Como si de una cometa invertida se tratase. Lo hacen para dispersarse, conquistar nuevos espacios, y buscar nuevos recursos.

“Sin embargo, este peculiar modo de vuelo resultaba desconcertante, debido al gran riesgo que para la araña voladora supone. Al no tener alas, las arañas voladoras lo hacen a merced de las ‘ganas’ del viento. Vuelan entonces en la dirección que el viento tome y su viaje termina cuando el viento pierde fuerza. Este no control de la dirección de vuelo y punto de aterrizaje es el que conlleva riesgo”, apunta Bakkali. 

Las arañas son animales terrestres y más de dos tercios de la superficie de la tierra son agua. “Al decidir volar, corren un gran riesgo de terminar en océanos (como las que observó Darwin), mares, ríos, lagos, pantanos, charcos… Por lo tanto, la selección natural no debería haber permitido tan arriesgado comportamiento”, señala el investigador de la UGR.

“De estar entre nosotros, Darwin estaría satisfecho de ver cómo el misterio de las arañas que le caían en el medio del océano sobre su Beagle también se ajusta a uno de sus grandes descubrimientos: la selección natural”, concluye Bakkali.



Fuente: Universidad de Granada
Vía: Agencia DiCYT

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